Yemen, un cálido hogar (Julio 2006)



Una de las reglas del buen viajero es aplicarse siempre esta frase: Allá donde fueres no siempre encontrarás lo que quieres. Tendemos a pensar que fuera de nuestra «zona de confort» —que suele ser nuestro lugar de residencia habitual—, también contaremos con las mismas comodidades; y no es así. Es lo bueno de viajar, abrir tus ojos a otro tipo de realidades mejores o peores, pero si eres un buen nómada, aprenderás pronto a flexibilizar tus aspiraciones y a adaptarte a diferentes medios, usos y costumbres.

En mi caso y por un tema de estudios, escogí el Yemen hace muchos años y no me arrepiento.  Recojo algunos párrafos de e-mails que conseguía enviar de tanto en tanto desde mi instituto en Sana’, digo que «conseguía enviar de tanto en tanto» porque era bastante normal (para nuestro desespero) que, en medio de su redacción, el servidor del centro se fuera al garete.

«El sábado regresamos de un viaje de 4 días por el desierto de Hadramaout, (antiguo Yemen del Sur). Pasaron tantas cosas que es imposible de relatar por mail, así que me limitaré a describirlo a grandes rasgos.

Salimos el miércoles a las 8.00 h de la mañana, nos dijeron que estaríamos en Seyoun sobre las 19.30 h … pues no, fueron un total de 13 horas de viaje, 13 horas por el desierto, muertos de calor, sin aire acondicionado. Tampoco había la posibilidad de abrir las ventanas del viejo miniván porque era como abrir las puertas del infierno. Eso sí, antes de iniciar la ruta del desierto lo primero fue ir a ver la presa nueva de Ma'rib, donde hicimos un picnic arriba del todo, el paisaje era muy bonito, las montañas, las rapaces surcando el aire, las aguas tranquilas del dique, el tormentón que nos cayó....

Seguimos ruta con alguna parada que otra para ir al hamman, léase: el retrete. En plena carretera, alguna roca, alguna duna, algún árbol... todo muy discreto, si no fuera que andabas rodeado de tus compañeros haciendo fotos y más fotos....

A lo largo de la carretera se supone que había 20 controles de policía militar, así que empezamos a contarlos para saber cuánto nos quedaba de viaje, cuando llegamos al número 25 lo dejamos estar. ¡Cada 15 minutos había un control! Los controles son para ver cuánta gente pasa por la carretera y si hay alguna 'perdida' por el camino, es decir, probablemente algún secuestro. Una compañera cansada de tanto control y con gran sentido del humor, lanzó un grito «Pero ¡cómo nos van a secuestrar! ¡Si no les da tiempo!».



Y seguimos la ruta, y desierto, y fotos, y hamman, y controles, y desierto y fotos y hamman y controles y desierto y.… ya era noche entrada y otra compañera que yacía desesperada en su sillín decía «¡No es verdad, esto no es cierto, todo es mentira, no hay Seyoun, no hay nada!». La verdad es que, si no fuera porque casi todos pensábamos lo mismo, era para ponerse a reír cuando la escuchábamos…

Pero llegamos, a las 21.30 h.... cenamos y los que aún andábamos con ánimos (bien poquitos) nos fuimos a la maravillosa masbah (piscina) del hotel. ¡Que placer!

Los días siguientes visitamos distintas ciudades como Shibam, Zinjibar, Jaar, Shayarain,.... pero el lugar y momento más bellos coincidieron en Shibam. Cuando subidos en la montaña frente a la ciudad rodeada por una especie de bruma, en pleno desierto de negras mesetas y a la caída del sol, oímos el primer adzan, la llamada a la plegaria. A esta le siguió otra, y a esta otra y entre unas y otras se replicaban. Después solo se oía en aquel impresionante lugar las voces de los imames recitando distintas partes del Corán. Fue un momento prácticamente mágico. Un compañero comentó al día siguiente «esta experiencia no la volveremos a vivir nunca más», yo, por mi parte, lloré un poquito.

Fuimos a los zocos, compramos miel (la mejor del mundo según los yemeníes), nos persiguieron los niños con su habitual cantinela ''Atinii kalam, sura, kalam, sura» (dame un bolígrafo, una foto, bolígrafo, foto....).»




«Los yemeníes son gente muy agradable, los hombres siempre con su yambiyya (su espada tribal), siempre dispuestos a bromear y fieles a su qat a partir de las 13.00 h. Y allí los ves por la calle, por los cafés, conduciendo, trabajando con sus mejillas hinchadas tras largas horas de mascar y almacenar esta planta. El único problema es intentar entenderles cuando te hablan....
 
Las mujeres están poco por la calle, y por la noche nunca, pero son las reinas en su casa (o eso nos dicen). Los niños habría que dividirlos en: los encantadores y los no tan encantadores. Estos últimos no dudan en tirarte piedrecitas si les da la vena.

Hay mucha cosa que decir, anécdotas, historias, pero ya lo haré cuando regrese. Ayer estuve mirando mi agenda y quedan 9 días sólo. Han pasado volando y más para nosotros inundados de wayibs (deberes). El ritmo es cansado, pero vamos tirando.»

«¡Queridos amigos, esto se acaba! El lunes haremos el examen y por la madrugada saldremos de vuelta a casa, si bien, dejamos parte de nuestro corazón en esas pequeñas habitaciones de la Casa española (como así llamaban a nuestro edificio) que fue también nuestro hogar durante un mes.

Estos días las lluvias han aumentado tanto que el cauce seco del rio que atraviesa la ciudad y por donde pasan diariamente los coches durante todo el año, se ha llenado, las calles están inundadas (y como no están pavimentadas todo esta enlodado), pero los críos se lo pasan pipa chapoteando y jugando.

  
Un abrazo a todos y todas y hasta pronto,»

Imágen tomada por uno de mis compañeros

   (Imágen tomada por un compañero)


                                                                                                                                Hawwa



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