TÔKYO "
Y llega la mañana, vuelven los barrenderos. A esas horas solo se oye alguna bicicleta, algún gato, alguna tienda que abre y los ñic-ñic del rodar de un carro cargado de cartones, arrastrado por un anciano de adoloridos huesos. Y entre esos ruidos y la tímida luz del Sol naciente, Kannon la Misericordiosa desde su altura, contempla con una suave sonrisa el barrio en espera del nuevo día."Estas fueron las últimas líneas de mi pequeño diario sobre el barrio de Asakusa, en Tôkyo. Hace ya 25 años.
En 25 años muchas cosas cambian, y el ritmo sosegado, la paz de las primeras horas de la mañana también han sufrido un drástico cambio con la llegada de la globalización. 今は前と違いです!Como se diría en japonés, ahora es muy distinto de antes...
Por suerte, mi primer día coincidió con el último día del gran Sanja Matsuri, uno de los festivales religiosos más importantes en la ciudad, y no digamos del barrio, ya que se realiza en recuerdo de los kami de los fundadores del templo Senso-ji de Asakusa: Hajino Nakatomo, Hinokuma Hamanari y Hinokuma Takenari, que encontraron la figura de Bodhisattva Kannon (観世音) cuando pescaban en el río Sumida según cuenta la leyenda.
También ese incremento exasperante de tanto turista se nota en el humor de los tokyotas, afortunadamente con un cierto conocimiento de la lengua nipona y de la cultura, las cosas fueron más fáciles si bien de tanto en tanto, me encontré con algún comportamiento poco agradable.
Y es que una cosa es viajar y otra turistear... y de esto último, ya somos víctimas en todo el mundo.
La expresión de algunos tokyotas ante la invasión extranjera...
Viajar también implica flexibilidad, estar más o menos preparado para los imprevistos no previsibles así como para los imprevistos previsibles. La idea del viaje era compartirlo con una amiga que no había estado nunca en Japón, desafortunadamente, el día anterior me comunicó que por un accidente sufrido por su mamá tenía que cancelar el viaje.
Dado que los planes habían cambiado, decidí dejarlo casi todo a la improvisación.
SHINJUKU - NIHONBASHI
Dio la casualidad de que una amiga común y que reside en China desde hace 15 años, también pasaba unos días en Tôkyo por temas laborales. Habíamos quedado en vernos las 3, y si bien no había nada concretado, al final se unió a mí al día siguiente para ir a Shinjuku. Fue un día entre relajado e intenso, mucho calor, caminar, caminar, una paradita en uno de los restaurantes de las galerías comerciales cercanas a la estación de Shinjuku y un intento de ver el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen... o sería al Jardín Exterior del Santuario Meiji? (estaban uno al lado del otro). Digo intento porque justo ese día lo cerraban. Finalmente nuestro pequeño tour terminó por la tarde en un agradable y recogido local en Nihonbashi tomando un delicioso matcha con su pastel.

Como comentaba con Olga paseando por las calles de Tôkyo, la ciudad bien podría parecer una distopía pues recuerda en cierta manera aquellas escenas de Blade Runner con una japonesa hablando a través de una pantalla gigante bajo una incesante lluvia, en una sociedad depresiva y opresiva; sin embargo, esa mezcla entre tradición y modernidad es lo que caracteriza a Japón y es lo que, en mi opinión, le da su encanto y su magia; pero también sus aspectos menos brillantes.
KAMAKURA - HASE
En Kamakura y Hase, los conceptos de Ma ((間 intervalo en el tiempo y en el espacio, intervalo entre un instante y otro en el vacío
) y Monoaware (物の哀れ
la belleza en la fugacidad de las cosas), se hacen palpables en el simple hecho de tomar una foto a un loto. Ese momento que intentas atrapar con el objetivo de tu cámara hasta que le das al botón, no es el hecho de hacer la foto, sino, una experiencia, en la cual tú, la máquina fotográfica y el loto quedáis congelados en el tiempo. Es una forma de apreciar ese instante, contemplar la belleza de una flor en un click, un momento del cual tú también formas parte pero que sabes solo durará lo que dure en hacer el click. Mientras, a unos pocos metros más allá el Daibutsu te contempla con su mirada imperturbable y una sonrisa un poco torcida...
También hubo momentos para reír y hacer reír a los demás, ¿por qué no? En las ilustres instalaciones del Kabukiza, un poco de humor antes de la representación y conseguir arrancar una amplia sonrisa y jocosos comentarios al público, también es toda una experiencia.
Pasar una noche en un izakaya, ajena al omnipresente turista, rodeada de salarymen disfrutando del final de la jornada laboral entre chistes, bebida y una buena comida, y en compañía de dos amigos que te hacen sentir como en casa, creo que es una de las mejores vivencias que puedes tener en Japón.

Y tras 4 días y medio de calor, sol y bullicio, mi último día fue todo lo contrario, fresco, lluvioso (incluso ventoso), la ciudad presentaba su rostro más melancólico, tanto como melancólica me sentía yo.
JA MATA NE!
じゃまたね!
¡HASTA PRONTO!
Hawwa
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