La última vez que vi Paris
Recupero el título de una película del 1954 dirigida por Richard Brooks con Elizabeth Taylor y Van Johnson, porque simplemente me gustó para este escrito.
La última vez que vi Paris, hará ya la friolera de unos 20 años, era enero y nevaba, pero como bien dijo Enrique IV, Paris bien vaut une messe (Paris, bien vale una misa, ya saben, esas cosas que se dicen para justificar una corona…), en este caso, pasar muchísimo frío con el miedo de darse el gran resbalón por las heladas calles parisinas.
Indudablemente, Paris sigue siendo Paris, si bien muchas cosas por ley de vida han cambiado. Como yo, unas cuantas canas de más, unos cuantos kilos también de más y un poco más de rodaje... Pero pasemos a hablar de Paris, que es lo que importa.
Lo que no cambia, la Ville Lumière siempre te sorprende y te deja boquiabierta por su luz, por su arquitectura, por toda la historia que han visto pasar sus piedras, por su peculiar atmósfera, haciéndonos retroceder en un viaje a tiempos en que convivían la corte del Rey Sol, Luis XIV y la Corte de los Milagros (surgida en los barrios marginales de París donde mendigos y ladrones batallaban por el poder) o cuando tenían lugar los prohibidos duelos entre caballeros en la Place des Vosges.
Entre las cosas que han cambiado, la famosa tarjeta Navigo, nuestra primera experiencia con ella fue en la estación de tren del Aeropuerto Charles de Gaulle, yo entiendo francés pero no había manera de dilucidar cómo había que sacar el billete hasta que pedí ayuda a una empleada, nos sonrió, y tras unas palabras preguntándonos lo que queríamos, comenzó a mover su dedo índice vertiginosamente de un lado a otro de la pantalla, presionando iconos, mientras mi amiga y yo nos mirábamos de reojo como preguntándonos «¿Te estás enterando de algo…?».
Con otra sonrisa nos pasó las tarjetas de transporte y se despidió de nosotras con un Bonne journée, vous êtes charmantes (que tengan un buen día, son encantadoras), agradecidas nos despedimos sin seguir teniendo idea de cómo comprar un ticket…
Fueron 3 días bastante completos, el tiempo para ser invierno, fue de lo más considerado. Caminamos mucho (la única forma de conocer bien una ciudad), compramos algunas cosillas, tuvimos una conversación muy interesante con una taza de café sobre un tipo de caligrafía de mujeres en China, el Nü Shū, con Madame Saussure, una experta que conocí por su web y que muy amablemente se brindó a quedar con nosotras para hablar del tema y que, además nos hizo un bello regalo.
Pasamos un rato de jazz en uno de los pocos caveaux que aún quedan en la ciudad, subimos a Sacre Coeur y nos despedimos de Paris no sin antes pensar para nosotras, ¡hasta la próxima!
Como despedida, una bella sorpresa, paseando por el pequeño pero encantador Parque de Anvers, en una glorieta, un estudiante de Shakuhachi (flauta japonesa de bambú, de la que da la casualidad soy estudiante) se encontraba tocando una melodía. Nos paramos a hablar con él y tras ello volvimos al hotel con una sonrisa, preparadas para recoger nuestro equipaje y retornar a casa.
Eso sí, ya éramos expertas en utilizar la Navigo…
Hawwa







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