Colliure, una pequeña perla del Mediterráneo (Septiembre 2025)
En esta primera visita y a pesar de tratarse de un domingo, con la consecuente invasión de nacionales y extranjeros que deciden ir a verla, reconozco que me encantó y me faltó tiempo para seguir trasteando por sus múltiples vericuetos, comercios y ateliers de arte.
Quizá, porque el tiempo meteorológico contribuyó a aumentar ese aire de pasado y nostalgia (nublado, esa luz grisácea y el viento) o quizá por ese mar intenso que golpeaba sus costas, su geografía rocosa, o esa vigilante torre Madeloc allí en lo alto de las montañas (¡la de cosas que habrá contemplado desde la salida de los cruzados a Tierra Santa!); quizá por sus calles estrechas, serpenteantes, llenas de color, subiendo y bajando, quizá por la música de acordeón de un artista que tocaba cerca del puerto,… quizá por todo eso, Colliure me emocionó.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontrarás a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
[Antonio Machado]



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