3 días en Felanitx (Agosto-Septiembre 2025)

Es curioso cómo sin moverte excesivamente lejos de tu lugar de residencia, sin ir a lugares desconocidos, sin ir a la aventura en busca del selfie de tu vida, tan solo con salir de tu «pequeño mundo», romper con la rutina unos pocos días, ver amigos a los que la vida ha decidido llevarse lejos de tu ciudad, pasar las horas muertas  anclada en una butaca en un pequeño patio tomando el fresco, sin pensar en nada en concreto, hablar de mil y un temas variopintos sin venir a cuento, jugar a nuevos juegos (primera noticia que existiera un dominó triangular…) y cenar a la luz de las velas en buena compañía mientras una amiga intenta hacer buenas fotos de una arisca luna; resultaría tan relajante y agradecido.


Y todo, a pesar de que en el momento en que puse el pie en el aeropuerto de Son San Joan, este comenzó a dolerme; quizá era un aviso «tómate las cosas con calma» o un «no corras» como siempre me dice mi madre. La cuestión es que desde el siguiente día hasta nuestra partida, tuve que ir con una muleta que nos dejó nuestra querida anfitriona y amiga.


Llevar la muleta también obliga a ir al ritmo natural de las cosas, a descansar más de lo que sueles hacer (si es que lo haces), a pararte (a la fuerza) y aprovechar para contemplar con mayor detenimiento todas aquellas pequeñas cosas que te rodean y a las que no prestas atención normalmente, a entretenerte mirando a nuestro «chef» particular venido desde los Países Bajos, preparando su maravilloso caldo de verduras y carne (cuya receta guarda celosamente)…

Si, incluso unas minivacaciones de 3 días pueden dar mucho de sí…


                                                                                                                                 Hawwa






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