Viaje a Tromsø en familia. Noruega, 2017

 

Tromsø es una ciudad que está por encima del círculo polar ártico, tiene pocos atractivos en cuanto a ciudad, aunque se esfuerza en ser acogedora, su climatología se impone y lo condiciona todo. Su reclamo turístico se ciñe a la observación de las auroras boreales, si es que hace buen tiempo para verlas.

El viaje a Tromsø era para celebrar el 90 cumpleaños de mi madre que había sido el 10.02. Queríamos hacer algo especial y a mi hermana se le ocurrió ir a ver auroras boreales, a mí la idea me encanto y nos pusimos en marcha. El plan era estar allí cuatro días, tres noches. Hacía tiempo que todo estaba pensado, cuando cuatro días antes de su cumpleaños mi madre se rompió el húmero, no fue una fractura compleja afortunadamente, fue proximal, es decir cerca de la cabeza del hueso así que solo debía tener el brazo en cabestrillo. Al cabo de unos días se volvió a caer, aunque esta vez no se hizo nada, por eso durante unos días, mi hermana, mi cuñado y yo estuvimos pensando sobre ir o no ir, el viaje estaba previsto para al cabo de un mes y podía ser arriesgado realizarlo. Finalmente decidimos ir. Mi madre tuvo dudas al principio, aunque después se le paso y dijo que si, que quería ver las auroras boreales. 

Llegamos el día 09.03, de noche, habíamos hecho escala en Oslo y justo llegamos al aeropuerto de Tromsø para coger el último autobús que nos llevaba a la ciudad, de hecho, casi lo perdemos. Fue genial tener el hotel cerca de la parada del bus porque e cruzar la calle tenía lo suyo, esa zona no estaba muy iluminada. Mi hermana y yo nos encargaríamos de sujetar a mi madre, haciendo como si fuéramos sus muletas y mi cuñado se encargaría de las maletas. Estaba todo nevado y había trozos de nieve helada. Ese momento fue un poco tenso, no queríamos que mi madre se volviera a caer y menos allí.

Al día siguiente teníamos que ir a los Alpes de Lyngen pero nos equivocamos de lugar de recogida, lo que provoco cierto retraso. Una vez aclarada la confusión tuvimos que llegar por nosotros mismos a donde nos tenían que recoger. Mientras, mi madre se lo estaba pasando en grande, se sentía feliz, tan mayor y en un lugar tan lejano. Durante el trayecto no puso ninguna objeción. Aquí empezó la otra parte de la aventura, tuvimos que coger un barco que conecta diferentes embarcaderos, recogiendo y llevando a gente. Una vez llegamos nos recogieron y nos llevaron a donde podríamos ver las auroras boreales. Al llegar nos alojaron en una casa grande. En el exterior se veían unas casitas con el techo transparente, y allí estirados y calentitos se podían ver las auroras…Que ilusionados estábamos, íbamos a ver auroras boreales, ¡sí! … pero durante esos días no hizo más que nevar y nevar y no las pudimos ver. En fin, la naturaleza tiene eso, es espontánea, le gusta sorprender y constantemente improvisa.

Lo pasamos muy bien. Fue un viaje inolvidable. 


                                                                                                                         Alicia




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